13 febrero, 2019

CRISTALIZA TU PENSAMIENTO PARA TENER ÉXITO

Probablemente hayas escuchado el dicho común que hay tres modos de adquirir riqueza; nacer en ella, casarse con ella o ganártela. A diferencia de la riqueza, el éxito viene sólo por un camino; debes ganártelo.

El verdadero éxito envuelve el desarrollo de tu potencial por el liderazgo personal y el logro, y depende enteramente de ti.

La gente frecuentemente ha murmurado “los secretos del éxito” estudiando las palabras y los actos de quienes han sido grandes líderes. En gran parte, su búsqueda es improductiva porque sólo se fijan en lo exterior de la persona más que en examinar los pensamientos, hábitos, actitudes y emociones – los ingredientes intangibles que poseen aquellos cuyo éxito sobresale un poco más de la media. Pero un estudio concienzudo de estas cualidades revela cierto éxito esencial común a aquellos que logran un mayor éxito. Estas cualidades son llamadas de diferentes maneras, son expresadas en formas únicas y aquellos que los poseen pueden incluso ser inconscientes de que las poseen. Pero estas cualidades están presentes. Si quieres desarrollar la auto motivación necesaria para el liderazgo personal efectivo, debes también adquirir estos esenciales del éxito.

Cristalizar el pensamiento

Debes cristalizar tu pensamiento para identificar las metas específicas que quieres lograr e identificar dónde estás ahora respecto a esas metas. Como la mayoría de la gente, probablemente hayas tenido serios momentos de búsqueda interior cuando te preguntaste exactamente dónde estabas y qué es lo que querías de la vida. Pero las oportunidades no persiguieron estas preguntas porque las respuestas fueron vagas, ilusorias y difíciles de precisar. No es fácil conocerte porque tu personalidad es compleja. Tu motivación está sujeta a ciertas necesidades básicas que llevan a ejercer influencia desde dentro de ti. Igualmente estás sujeto a ciertas presiones externas – las influencias condicionantes de la familia, la sociedad, el entorno y las instituciones. Pero incluso tus hábitos condicionados están formados por tu propia libre elección, la misma libertad de elección que dirige tu programa de metas. Conociéndote y sabiendo hacia donde quieres ir incluye la toma de decisiones. Debes tomar una decisión y anclarte a ella.

Cristalizar el pensamiento es el proceso que lo hace posible, alcanzar decisiones seguras acerca de las metas que has elegido perseguir.

El éxito viene de la progresiva realización de valiosas y predeterminadas metas personales, una detrás de otra. Una parte básica de conocerte a ti mismo es saber tu situación actual y saber qué es lo que quieres lograr. Una vez que hayas cristalizado tu pensamiento para producir un claro y conciso análisis sobre tu posición actual y has determinado tu propio sistema de valor por lo que tienes una vívida imagen mental de tus metas, estás listo para dar el siguiente paso hacia el éxito.

Un plan por escrito

Después de que hayas cristalizado tu pensamiento y sepas las metas que quieres conseguir, el siguiente elemento necesario de éxito es desarrollar planes escritos y fechas límite para conseguir esas metas. A pesar de que hayas elegido un comienzo con el que lanzarte, una línea de meta que cruzar, o superar un obstáculo, debes tener un plan de acción para realizar tu sueño. Establece líneas de trabajo que eleven tus metas a lo alto del reino de las fantasías. Determina planes tan detallados y tan claramente escritos que la confusión y la conjetura sean eliminadas. Entonces puedes poner en práctica la teoría, y convertir el conocimiento teórico  en un saber hacer pragmático, y convertir el pensamiento en acción.

Planes escritos y fechas límites para su logro minimizan la procrastinación. Crean  dentro de ti un descontento inspiracional con las cosas tal cual son. Te ayudan claramente a visualizar cada meta como un hecho consumado antes de que sean realmente conseguidas. Escribir cristaliza el pensamiento, y un pensamiento cristalizado motiva a la acción. El mero hecho de que tú pongas tus metas sobre papel sirve como un acto de compromiso.

Un ardiente deseo

El tercer éxito esencial es desarrollar un deseo ardiente para el logro de tus metas. El deseo marca la diferencia entre una meta y un deseo. El deseo pone en acción tus planes e intenciones. Sin el deseo no hay motivación para el logro, no importa cómo de valiosa sea tu meta o cómo de factible sea tu plan.

Aunque naciste con el deseo de liderazgo en su sentido más amplio, también has experimentado cierta cantidad de condicionamientos que, hasta cierto punto, ha obstaculizado el fluir de tu deseo y creatividad. Redescubrir la frescura, la vitalidad, el optimismo y el entusiasmo del deseo que poseíste de niño – antes de que perdieras parte de tu capacidad para soñar sueños imposibles y desear tan fervientemente como si pudieras sentirlo, saborearlo y ver un sueño como tuyo. Alimenta las llamas del deseo con emoción, remuévelas profundamente y tú podrás conseguir el éxito en el liderazgo personal.

En el proceso de descubrir como despertar, desarrollar, y verificar tu deseo en contra de tu sistema de valores, aprender a juzgar cuales son las metas que has escrito y las que son meras ensoñaciones. La intensidad de tu deseo de conseguir las metas que has puesto en lista determina su prioridad. Aquellas que tengan un mayor deseo tendrán la mayor prioridad. Funcionarán como fuerzas de darte una dramática auto motivación. Sin deseo tus metas están destinadas a permanecer no realizadas.

Autoconfianza Suprema

Hacer los cambios necesarios para creer en el liderazgo personal es difícil si intentas cambiar acciones conscientemente sin cambiar actitudes y hábitos que automáticamente desencadenan patrones de comportamiento. Es necesario empezar primero con las viejas actitudes y los hábitos básicos de pensamiento como factor clave para activar tu plan. Cuando estás trabajando para desarrollar actitudes exitosas, empiezas a creer que el logro de tus metas es posible. Desarrollar una gran autocofianza.

La autoconfianza te permite ser realista en lugar de depender de vagas esperanzas. Cuando eres realista, no esperas a que las circunstancias o el tiempo se den y transformen tus sueños en realidad. Tomas la iniciativa y el trabajo progresivamente hacia el éxito; lo más importante, tienes confianza en tu propia habilidad de dirigir, de crecer y de hacer los cambios internos necesarios para alcanzar tus metas. Crees en el concepto de cambio constante. Sabes que eres de hecho una criatura de cambio. La respuesta a las nuevas experiencias es que son naturales y que son de esperar. No suponen ninguna amenaza para ti.

Determinación inquebrantable

Desarrolla una determinación inquebrantable para seguirla a través de ella a pesar de cuales sean las circunstancias, críticas o lo que los demás digan, piensen o hagan. Este es el punto de inflexión para las buenas intenciones. Mucha gente vive su vida a la sombra de la opinión pública, diciendo amén a los demás sin tomar tus propias decisiones, y acabar revolcándose en la resaca de la mediocridad. Establece un realista estándar de ti mismo. Nadie más puede terminar tus deseos, necesidades o aquello que quieres porque nadie más sabe la prioridad de tus valores o entiende tu potencial.

Una vez que te conozcas a ti mismo y establezcas tus metas adecuadamente, la determinación es natural porque sabes que tienes razón y sabes por qué tienes razón. Tienes información que ningún crítico puede tener, y armado con esta información interior, eres inquebrantable a los asaltos injustificados. La determinación no es un desafío cabezota ni una inflexibilidad poco razonable. Es más bien, una firme resolución, una tranquila confianza, y una inquebrantable persistencia.

Estos cinco principios del éxito son inherentes en cada gran líder. Sigue todos estos cinco principios como un plan general para vivir tu excelencia en el establecimiento de metas que incrementarán a pasos agigantados.

 

Bocados de liderazgo

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